Ya no estáis por tierra, Dios mío. La Cruz lentamente se levantó. No para elevaros, sino para proclamar bien en alto vuestra ignominia, vuestra derrota, vuestro exterminio.
"Por la fe en el amor que recibimos, realizaremos maravillas"
El Evangelio de este 5° Domingo de Pascua nos llama a la confianza inquebrantable en el amor de Jesús por nosotros, capaz de establecer orden y tranquilidad en nuestros corazones, disipando todas las angustias.
Recordemos que Jesús ama tanto a sus ovejas, que Él desea darles la vida, a pesar de ser miserables. Y una vida tan exuberante que sobrepasa la muerte, merecida por el pecado de nuestros primeros padres y por los nuestros propios: “Donde abundó el pecado, superabundó la gracia” (Rom 5, 20). Si queremos ser grandes en la santidad, reconozcamos nuestra incapacidad para practicar la virtud, y atribuyendo a Dios todo el bien que hacemos, ofrezcámosle confiados, nuestra debilidad, porque el Buen Pastor se utiliza de esto para manifestar su poder, como Él le afirmó a San Pablo: “es en la debilidad que se revela totalmente mi fuerza” (II Cor 12, 9).
“¡Mane nobiscum, Domine!” ¡Quédate con nosotros, Señor!
Sublime fue la convivencia de Jesús con los discípulos de Emaús; sin embargo, ellos solamente lo reconocieron cuando bendijo y partió el pan. ¡Cuánto más feliz es nuestra situación al acercarnos con fervor a la Eucaristía: no vemos al Señor, pero lo reconocemos y amamos!
30 Jesús realizó otras muchas señales delante de
los discípulos, que no están escritas en este libro. 31 Pero éstas fueron
escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que,
creyendo tengan la vida en su nombre.
San Juan escribió su Evangelio, que es el último, al final del primer siglo, muchos años después de concluidos los otros tres. Diríase que no era necesario redactarlo, porque la historia de Jesús ya estaba contada en los sinópticos. Sin embargo, el Discípulo Amado tenía bajo su responsabilidad a las comunidades cristianas de Asia Menor, nacidas bajo el influjo del apostolado de San Pablo, y compuso el cuarto Evangelio con el objetivo de proteger a los fieles de las herejías que comenzaban a propagarse en aquella época, provocando confusión sobre Jesucristo.
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| Con su muerte, Jesús quería sobre todo la gloria del Padre. |
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| Jesús y el discípulo Nicodemo. |
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| La Transfiguración del Señor en el Monte Tabor. |
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| Jesús expulsa el demonio durante su estadía en el desierto, durante 40 días. |
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| Jesús cura a los leprosos. |
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| San Ignacio de Loyola |